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En el norte grande de Chile, a 98 kilómetros de Calama, un pequeño pueblo de adobe y vida apacible recibe a turistas de todo el mundo: es San Pedro de Atacama. Te invito a recorrerlo juntos por la calle Caracoles que nos tienta con sus deliciosos restaurantes y los infinitos panoramas que las agencias locales han preparado para sus cada vez más exigentes y variados huéspedes. También podemos pasar por el mercado, ¿te parece? Vamos y dejémonos cautivar por la artesanía local y el amor encerrado en cada una de sus creaciones hechas en lana, tierra volcánica y madera de cactus.

¡Hay tanto por conocer de este mágico pueblo, de eso no hay duda! Sin embargo, te propongo ir un poco más lejos, a sólo 2 kilómetros al oeste desde aquí, y viajar juntos a Marte. Sí, Marte, leíste bien. El planeta rojo vive en un valle de increíbles formaciones de roca y sal que en la década de los cincuenta y sesenta fueron la fascinación del investigador y sacerdote jesuita Gustavo Le Paige. “Valle de Marte”, dijo el religioso. “Valle de la Muerte” replicaron los lugareños para bautizar al lugar más inhóspito del mundo. Demás está decir que ganaron estos últimos.

Fuimos a la luna y a Marte. ¿Qué tal si volamos un rato sin despegar los pies de la tierra? A 18 kilómetros al sureste de San Pedro de Atacama existe un lugar donde podemos hacerlo: Laguna Cejar. No lo pienses más y sumérgete conmigo en aguas turquesas que se sentirán como un viaje a nubes de las que nunca podrás caer. Flotarás sin esfuerzo alguno gracias a las altas concentraciones de sal y litio que esta laguna reúne, superiores incluso a las del Mar Muerto. Y cuando estés ahí, volando en medio del desierto, empápate de la belleza que la Cordillera de la Sal tiene para ti.

Te he mostrado lugares maravillosos y apenas nos hemos alejado del pueblo de San Pedro de Atacama. Como has sido tan amable en acompañarme, he decidido compartirte un tesoro que descubrí en Laguna Tebinquinche¡un espejo gigante de sal! Iremos mañana, al atardecer, a este lugar donde el cielo se imprime en el agua y te pierdes en los colores, las nubes y las montañas que se reflejan a tus pies. Recuerda llevar tu cámara y prepárate para sacar las fotos más bellas de tu vida.

¡Vaya! Ya se nos hizo de noche, y es tiempo de descansar. Volvamos a la calle Caracoles y recuperemos nuestras energías con un pastel de choclo casero y buen vino chileno de algún restaurante local. Como postre, te recomiendo probar el helado de la aromática rica-rica y engolosinarte con todas las estrellas de San Pedro de Atacama, el mejor lugar del mundo para contemplar el firmamento.